La Obediencia trae gozo a Dios

La Obediencia trae gozo a Dios

La Obediencia trae gozo a Dios

Título: La obediencia trae gozo a Dios
Texto: Filipenses 2:12-18

Introducción:
-Nuestra mayor recompensa será que toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
-La vida del discípulo que trae gozo a Dios es la vida que obedece a su palabra y practica los siguientes principios.
I. Ocuparnos de nuestra salvación.

1. Es un proceso

2. Es dar prioridad a nuestra relación con Dios. Filipenses 3:7-12

3. Debemos ocuparnos de ella con temor y temblor

¿Qué significa temor y temblor?

a. Es tener un espíritu de unidad de propósito:

b. Es tener un espíritu de reverencia y respeto

c. Es tener un espíritu de confianza en Dios y no en nosotros:

d. Es tener un espíritu de humildad

Filipenses 2:13 es la conclusión que Pablo hace a esta instrucción. Les hace énfasis sobre el origen de este deseo o acción de ocuparse en la salvación preciosa que Dios nos ha regalado.
II. Todo lo que hacemos debe ser sin murmuraciones y contiendas.

1. La obediencia puede hacerse en dos formas

2. Jesús ejemplo de obediencia

Filipenses 2:15, En conclusión sobre esta instrucción Pablo les dice que si se someten a la voluntad de Dios serán irreprensibles y sencillos, guardarán el testimonio delante de todos, no serán juzgados por nadie, también serán limpios, puros sin adulterar la palabra de Dios.

Conclusión
-Hemos recibido de Dios consolación, amor, comunión, afecto entrañable, esto nos debe motivar a caminar en unidad o unanimidad, en humildad, y sirviéndonos los unos a los otros.
-El mismo sentir que hubo en Cristo Jesús lo tengamos todos nosotros, y mayormente el ser obedientes a los mandatos de Dios.
-El ocuparnos de nuestra salvación es sinónimo de construir, sobreedificar nuestras vidas espirituales, sobre el fundamento que es Cristo
-El hacer todo sin quejas ni pleitos, el hacer la voluntad de Dios en las fuerzas de Dios, vivir de manera que la palabra de Dios sea puesta en alto y que no dejemos caer a tierra ninguna de sus palabras.

Un versículo para meditar en casa
Leamos 2 Reyes 23:24-25